En el marco de la Semana de la Psicopedagogía 2026, UFLO Universidad reunió a especialistas para reflexionar sobre el aprendizaje, la autonomía y los nuevos proyectos en la adultez mayor. Frente a los prejuicios asociados al envejecimiento, la institución presenta 10 claves para seguir aprendiendo, participar en comunidad y construir nuevas etapas de vida después de los 60.
La Semana de la Psicopedagogía, organizada por UFLO Universidad, abordó una pregunta central: ¿qué significa aprender cuando somos mayores? Los profesionales coincidieron en que la adultez no es sinónimo de deterioro y que ser adulto mayor no constituye una experiencia única. Cada historia de vida está atravesada por experiencias, decisiones, vínculos y contextos diferentes.
Durante las jornadas se presentaron contenidos sobre procesos cognitivos, atención, memoria y estrategias para aprender después de los 60 de la mano de la Mg. Viviana Edith Scabone. Por su parte la Prof. y Licenciada Silvana Medina destacó el valor de la comunidad, el juego, la escritura y la historia propia. La Mg. Sandra Hiriart abordó los desafíos de la formación gerontológica frente al envejecimiento poblacional y la necesidad de promover autonomía, participación y redes de cuidado. El Mgtr. Psp. Francisco Jesús Sevilla presentó una perspectiva de derechos humanos frente a las miradas de déficit y los prejuicios sobre la vejez. Por su parte, la Psp. Lic. María Mercedes Sáez expuso la experiencia de Orientación Vocacional +50, orientada a reconocer habilidades, conocimientos, emociones, intereses y valores para proyectar nuevas etapas de la vida.
Los aportes compartidos permiten traducir estas perspectivas en orientaciones concretas para acompañar y promover el aprendizaje en la adultez mayor. A continuación, UFLO reúne diez claves para seguir aprendiendo después de los 60, con propuestas que ponen en el centro la experiencia, la autonomía, los apoyos necesarios y la participación en comunidad.
1. Reconocer que se puede aprender durante toda la vida
La plasticidad y la capacidad de cambio no desaparecen con la edad. El cerebro adulto conserva capacidad de reorganización ante la experiencia y el entrenamiento.
La propuesta no consiste en recuperar el funcionamiento de otra etapa de la vida, sino en ampliar y sostener la reserva disponible. La escolaridad, los vínculos sociales y las actividades con sentido contribuyen a una reserva cognitiva, emocional y corporal.
2. Partir de la experiencia y elegir qué aprender
La persona adulta llega al aprendizaje con una experiencia previa que debe ser considerada un insumo. También necesita saber para qué aprende y ser protagonista de la decisión de aprender. La historia propia puede convertirse en material de trabajo. La escritura, el juego, la conversación y la comunidad permiten recuperar experiencias y reconocer que cada persona tiene algo para contar y para aportar.
3. Respetar los ritmos sin bajar la exigencia intelectual
Con la edad pueden presentarse cambios en la velocidad de procesamiento, la memoria de trabajo, la flexibilidad ante problemas nuevos y la atención dividida. Al mismo tiempo, suelen sostenerse conocimientos, vocabulario, experiencia profesional, juicio práctico y saber hacer. Para facilitar el aprendizaje, UFLO propone dar tiempo, reducir la demanda simultánea y ofrecer una instrucción por vez. También recomienda evitar hablar mientras se proyecta un texto nuevo, no pedir que la persona copie y escuche al mismo tiempo y utilizar materiales legibles.
4. Usar estrategias para recordar mejor
Existen distintos tipos de memoria, y no todos cambian de la misma manera con la edad. El conocimiento general, el vocabulario y el saber hacer pueden mantenerse, e incluso crecer, durante muchos años. Para aprender y recordar, es útil relacionar la información con conocimientos previos, explicarla con palabras propias y recurrir a técnicas como la recuperación espaciada, las mnemotecnias y el método de loci. También pueden utilizarse agendas, alarmas, pastilleros y lugares fijos para los objetos importantes.
5. Practicar en forma distribuida y con apoyos graduales
La práctica mejora el rendimiento, aunque puede requerir más ensayos. El apoyo debe acompañar el proceso y retirarse gradualmente a medida que la persona adquiere autonomía. Para sostener los aprendizajes, conviene priorizar pocas metas y utilizar recursos adecuados, como sesiones breves y frecuentes, materiales ampliados, colores o grabaciones para repasar en casa.
6. Elegir actividades con sentido, producto y destinatario
Las actividades de aprendizaje pueden orientarse a un producto y un destinatario reales, como un libro de recetas, un archivo del barrio, un podcast o una huerta. También es posible aprender algo nuevo y desafiante, como un idioma, fotografía digital o un instrumento. La propuesta debe tener una dimensión social y permitir que cada persona elija qué quiere aprender.
7. Explorar habilidades e intereses para proyectar una nueva etapa
La Orientación Vocacional +50 acompaña la exploración de habilidades, conocimientos, emociones, intereses y valores para promover una vida plena y significativa. El autoconocimiento ayuda a reconocer fortalezas y orientar decisiones futuras. Este proceso puede acompañar cambios profesionales, familiares o de estilo de vida, y abrir camino a nuevas carreras, voluntariados, emprendimientos, hobbies o actividades educativas.
8. Diferenciar los cambios esperables de las señales que requieren evaluación
Olvidar dónde se dejaron las llaves y luego encontrarlas, tardar en recuperar una palabra o necesitar más tiempo para una tarea nueva pueden ser cambios esperables del paso del tiempo. En cambio, la pérdida de autonomía, la desorientación en lugares conocidos, los cambios que la persona no registra o un lenguaje cada vez más incomprensible requieren evaluación. Antes de atribuir una dificultad a la edad, conviene revisar la audición, la visión, el estado de ánimo, el sueño y la medicación. Si algo preocupa, se recomienda registrar hechos concretos y consultar al médico de cabecera o a un profesional especializado; una charla o un test aislado no establecen un diagnóstico.
9. Defender la autonomía y cuestionar el edadismo
Desde una perspectiva de derechos humanos, las personas mayores deben ser respetadas como sujetos de derechos, con autonomía, capacidad de decisión, consentimiento informado y participación. El edadismo surge cuando se considera sólo la edad y se ignoran las habilidades y la experiencia. Por eso, UFLO propone revisar prejuicios, escuchar a la persona mayor y fortalecer su poder de decisión y autonomía.
10. Aprender con otros y participar en la comunidad
El aprendizaje en la adultez mayor favorece la participación social y la construcción de identidad. Reunirse con pares, compartir saberes, promover el intercambio entre generaciones y participar en proyectos concretos fortalece ese proceso. Las personas mayores pueden aprender, crear, enseñar y aportar sus conocimientos. Para ello, es necesario respetar sus deseos, conocer los recursos disponibles y sostener el sentido comunitario.
